Publicado en Diario 16 (16/1/2011)
A pesar de un buen segundo gobierno, el APRA va hacia un desastre electoral. Paradójicamente, tras el desastroso primer gobierno de García, Luis Alva Castro logró 22%. Hoy discuto tres respuestas insuficientes a esta paradoja. La próxima semana ensayo una explicación.
Para Víctor Andrés Ponce la respuesta es: “el poder desorganizador del líder. En su primer gobierno García terminó su gestión arrinconado. En su segunda administración él culmina su gobierno con aire y con el proyecto de una tercera elección”. Las maniobras de García para evitar competencia interna en el 2016 habrían dilapidado el capital político del APRA. Por el contrario, un García débil no hubiese podido complotar, permitiendo un mejor resultado en el 2011.
Además de olvidar los acuchillamientos Alanistas del noventa, el argumento es contra-intuitivo. ¿Un buen primer gobierno aprista le hubiese dado menos votos a LAC? ¿Un mal segundo gobierno le hubiese dado más votos al candidato aprista? No creo. Además, el APRA venía este año muy mal como para atribuirle automáticamente mejores posibilidades si García no complotaba.
Para Carlos Meléndez el problema es que Araoz (y el APRA) están apresados “por esa cultura política GCU que exalta los defectos y es mezquina con las virtudes del APRA”. Bombardeados con antiaprismo, los votantes no recompensarían la salud económica y las obras recibidas.
Antiaprismo hay, sin duda, pero los ciudadanos, como lo recuerda Carlos en otros artículos, responden a intereses y expectativas: no son fácilmente manipulables. ¿Esa “cultura GCU” puede cegar a los votantes en forma tal que no reconozcan los beneficios recibidos? Exagerado. Además, el antiaprismo era más fuerte en el noventa y no impidió una buena votación. Finalmente, Toledo tuvo el mismo problema para capitalizar sus logros por lo cual la historia antiaprista explica poco.
Martín Tanaka ve la respuesta en el “manejo político de un presidente que optó por gobernar solo, prescindiendo tanto de su partido como de alianzas y acuerdos más plurales y abiertos”. De acuerdo, García hizo poco por construir capital político para el APRA. Pero, como lo recuerda Meléndez, más allá de Alan son varios los logros que deberían darle votos, aunque sea indirectamente, al partido de gobierno.
Más importante, ¿un presidente con la camiseta del partido hubiese logrado un resultado muy distinto? Sospecho que no. Un líder menos personalista, como Toledo, tampoco logró darle oxígeno a PP. El problema parece trascender al APRA: buenas gestiones no son capitalizadas por los partidos de gobierno.
